miércoles, 23 de mayo de 2018

En el SPET dialogan, se cruzan y contrapuntean


El tema del próximo encuentro de este mes, que tendrá lugar el jueves 31 de mayo a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” (Carlos Pellegrini 1515), será “Diálogos, cruces, contrapuntos: La traducción en Argentina”, en el marco de la presentación del N° 13 de la revista Lenguas Vivas

Estarán con nosotros Roberto Bein, Alejandrina Falcón, Mariana Dimópulos, Claudia Fernández, Marcela Suárez, Ana Eugenia Vázquez, Gabriela Villalba, Georgina Fraser, Silvina Rotemberg, Sofía Ruiz y la Secretaria Académica, Mónica Herrero.

El 13 –como también los N°s. 8-12– y los suplementos se pueden leer en línea o bajar en formato PDF del sitio web Revista Lenguas V;vasLos números anteriores, como el nro. 1, dedicado a Los problemas de la traducción, están en venta en la Cooperadora del Instituto.

Quien tenga previsto solicitar un certificado de asistencia, que por favor no se olvides de firmar después de la reunión en la lista disponible en Cooperadora.


martes, 22 de mayo de 2018

Hachette creó un Conflicto por Asterix en castellano: ¿quiénes son los auténticos majaretas?

El 20 de febrero pasado, una nota de Cultura InfoBAE informaba que había una polémica por los derechos y la traducción de Asterix en castellano. La bajada de la nota, sin firma, señalaba que “desde la editorial  Libros del Zorzal denuncian que Hachette, la casa francesa que publica la serie en su idioma original, no respetó un acuerdo previo al volver a autorizar a su subsidiaria Salvat la venta en kioscos de la historieta de René Goscinny. Además, difunden grandes inexactitudes de esa primera traducción. Una pelea entre el negocio y la calidad”. En el desarrollo de la nota, Leopoldo Kulesz, director editorial de Libros del Zorzal, comentaba que en 2014 le compraron los derechos a Hachette y por eso pudieron sacar la colección con nueva traducción (coedición de Planeta con Libros del Zorzal). ‘El problema fue que Hachette ahora también le cedió a Salvat los derechos para kioscos. Una operación en kioscos se maneja con un volumen alto y un precio bajo y arrasa con todo lo que encuentra en su camino. Y además, con la traducción anterior que es muy mala y la gente de Hachette lo sabía. En nombre de una operación puntual, Hachette aplasta años de trabajo de instalación de la nueva traducción’”.

Más allá del aspecto económico, se trata de una nueva batalla entre el castellano de Latinoamérica y el de España. Por ello, y para justificar mejor las quejas de Kulesz, se reproduce a continuación parte del artículo incluido en la página web de Libros del Zorzal, donde, con lujo de detalles, se señala el tipo de trabajo realizado en la Argentina y las diferencias con la traducción española.

A Goscinny lo que es de Goscinny

La historieta Asterix el galo fue creada por el guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo en 1959. Conoció un éxito inmediato en Francia, luego en el mundo entero y está traducida a más de 100 idiomas. La traducción que más circuló en castellano es la de Jaime Perich y Víctor Mora, que pasó por varias editoriales como Grijalbo y ahora, Salvat. En Argentina se conocieron traducciones de algunos pocos títulos en los años 1970 (Editorial Abril) y la colección nunca se completó.

En 2015, las editoriales Libros del Zorzal y Planeta suman esfuerzos y encaran la edición con una nueva traducción de los 24 primeros álbumes, los guionados por René Goscinny. Se trata de una traducción hecha desde el original francés sin tomar como referencia ninguna traducción previa. La necesidad de retraducir completamente todos los álbumes surge de la constatación de los innumerables problemas de la traducción española, que enumeramos a continuación:

1)      La traducción de los nombres de los personajes no siguen ninguna lógica, cuando Goscinny se imponía a sí mismo reglas implacables.

2)      Una enorme cantidad de galicismos, imprecisiones y errores notorios. Notamos también una marcada pesadez en el lenguaje, en contraposición con el estilo ágil de Goscinny.

3)      Problemas de coherencia en nombres de personajes y giros lingüísticos a lo largo de toda la colección.

4)      Pérdida casi sistemática de los juegos de palabras, bromas y dobles sentidos.

Es legítimo que un lector que amó esta historieta desde su infancia reciba con escepticismo la noticia de una nueva traducción. En efecto, la traducción española no fue un obstáculo para que a niños, adolescentes y adultos nos apasionaran los 24 álbumes. Pretendemos mostrar, sin embargo, que la traducción española sólo preserva una pizca del genio de Goscinny.

Como veremos, la traducción que conocemos, en el mejor de los casos, es decir, cuando no trastoca el sentido –cosa que sucede muy a menudo- sólo deja aparecer una muy pequeña porción del genio de Goscinny. Ocurre que de la misma manera que un segmento tan pequeño como se desee de una recta infinita sigue conteniendo un número infinito de puntos, una pizca de un genio sigue siendo genial.

La actual traducción argentina fue el resultado de un esfuerzo titánico de un grupo de 12 personas (traductores, correctores y revisores) y pretendió devolverle Goscinny a Asterix.

En este sentido, se trata de una primera edición de la colección y no de una reedición. A continuación detallaremos las decisiones tomadas.

1. Galicismos, imprecisiones y errores
Tal como anticipamos, durante toda la obra encontramos que la traducción española contiene una profusión interminable de galicismos inadecuados, imprecisiones, y errores notorios. En lo que sigue, llamo OF al original en francés, TE a la traducción española y SC al sentido correcto (en el contexto de la historia). Los ejemplos expuestos a continuación no pretenden ser exhaustivos, sólo consideran una porción pequeña del álbum Los laureles del César, elegido al azar:

1.1. Galicismos

Entre el francés y el castellano existen “falsos amigos”, es decir, palabras y expresiones que se escriben igual, pero que significan otra cosa. Más abajo, un detalle de la lista de los “falsos amigos” que aparecen en Los laureles del César y que constituyen una porción pequeña de todos los que se pueden encontrar a lo largo de la colección:

OF: Je suis inquiet, Obélix.
TE: Estoy inquieto, Obelix.
SC: Estoy preocupado, Obelix.

OF: Ce n´est pas la peine, maître.
TE: No vale la pena, maestro.
SC: No vale la pena, amo.

OF: Payez-vous.
TE: Páguese.
SC: Cóbrese.

OF: Il fera une bonne affaire.
TE: Hará un buen asunto.
SC: Hará un buen negocio.

OF: Tu crois que ce sera assez?
TE: ¿Crees que será bastante? SC: ¿Crees que será suficiente?

OF: C´est émouvant.
TE: Es emocionante.
SC: Es conmovedor.

OF: Je vous offre une tournée.
TE: Les ofrezo una ronda.
SC: Les invito una ronda.

OF: Píèce d´or.
TE: Pieza de oro.
SC: Moneda de oro.

OF: C´est juste ce que tu dis.
TE: Es justo lo que dices.
SC: Es correcto lo que dices.
OF: Attention!
TE: ¡Atención!
SC: ¡Cuidado!

1.2. Imprecisiones, errores e interpretación libre del traductor

Goscinny utiliza muchísimas expresiones del argot, el lunfardo francés, y notamos que la traducción española muchas veces elije la traducción literal, perdiendo por completo el sentido. En algunos casos elegimos la expresión correspondiente en castellano y, en caso de no haberla encontrado o de tratarse de fórmulas porteñas demasiado locales, optamos por preservar el sentido. Por ejemplo:

OF: Je peux en placer une, oui!
TE: ¡Puedo colocar algo, sí!
SC: ¿Me dejan decir algo?

El siguiente, es un ejemplo de imprecisiones y errores de la traducción española (siempre considerando sólo Los laureles del César):

OF: Mendiants et démarcheurs assaillent les passants.
TE: Mendigos y representantes asaltan a los transeúntes.
SC: Mendigos y promotores acosan a los transeúntes.

OF: Numides et helvètes.
TE: Numidas y helvetas.
SC: Numidios y helvecios.

Y las interpretaciones libres…

OF: Pour les menhirs, cést la morte saison.
TE: El negocio de los menhires espera una reactivación.
SC: Para los menhires es la temporada baja.

1.3. Pesadez en el lenguaje

En la traducción española encontramos permanentemente formulaciones intrincadas innecesarias que hacen pesada la lectura. Aquí, algunos ejemplos:

OF: Reprenons le tour de notre histoire.
TE: Volvamos a seguir el curso de nuestra historia.
SC: Retomemos el curso de nuestra historia.

OF: Je crois que j´ai trouvé une idée pour nous introduire dans le palais de César.
TE: Me parece que tengo una idea para que nos introduzcamos en el palacio del César.
SC: Creo que tengo una idea para introducirnos en el palacio del César.

OF: Je suis fatigué.
TE: Yo estoy fatigado.
SC: Estoy cansado.

OF: Allez-y de ma part.
TE: Vayan allá de mi parte.
SC: Vayan de mi parte.

OF: Je vais te dire ce que tu vas faire demain.
TE: Te voy a decir lo que vas a hacer mañana.
SC: Te diré lo que harás mañana.

1.4. La puntuación

En esta nueva traducción, respetamos a rajatabla la puntuación de Goscinny, que es muy obsesivo en este aspecto. No vale la pena detallar caso por caso pero la puntuación de Goscinny se ve alterada fuertemente en la traducción española. Los puntos y coma pasan a ser punto seguido, se agregan y se sacan comas, tres signos de exclamación pasan a ser dos o uno, etc. En nuestra traducción, somos irreductibles con estos detalles.

2. Juegos de palabras

Los juegos de palabras y el doble sentido son el rasgo distintivo de Goscinny en Asterix. No ocurre lo mismo en la traducción española que, por lo general, sólo preserva aquellos que, al traducirse literalmente al castellano, siguen funcionando. La tarea de encarar todos y cada uno de los juegos de palabras fue nuestro mayor desafío. Cuando la traducción literal no funciona, elegimos cambiar el juego de palabras por otro juego de palabras coherente con el contexto.

Veamos de cerca el juego de palabras que más nos costó resolver y que quizás se pueda demostrar matemáticamente que se trata de la frase más difícil de traducir del mundo. En Asterix en Hispania, el César vuelve victorioso de sus batallas con bárbaros reducidos a la esclavitud. Entre ellos se destaca un bárbaro pelirrojo y la multitud le pide a César que tenga clemencia con él. El César lo señala con el dedo dejando claro que lo deja libre. Entre la multitud, dos romanos mantienen el siguiente diálogo:

- Que fair César? (¿Qué hace el César?)
- Il affranchit le rubicond (Libera al rubicundo)
Il affranchit le rubicond” es una frase que se pronuncia exactamente igual que la siguiente: “Il a franchi le Rubicon” que significa: Cruzó el Rubicón.

La traducción española, propone en este caso:

- ¿Qué ha hecho César?
- ¡Quién lo hubiera dicho! ¡Negarse a que el rubicundo sea atravesado!

Por un lado, notemos que si se trata de un juego de palabras, no se entiende ni el sentido directo ni el sentido velado. Además, le cambió el tiempo verbal al primer romano que habló en presente describiendo, justamente, una situación presente. En la traducción española habla en pasado de una situación presente. Mantener el presente no era la parte más complicada. Por otra parte, el primer romano hace una pregunta y el segundo romano le contesta con dos exclamaciones. Con todo derecho, el primer romano podría exigir al segundo romano la respuesta a su pregunta y la postergación de sus reflexiones.

En nuestra traducción, luego de dos semanas dedicadas a evaluar alternativas, nos quedamos con la siguiente:

- ¿Qué ha hecho el César?
- Apuesta al colorado.

Consideramos que, si bien no mantiene el nivel del original, al menos se trata de un juego de palabras digno que responde a la situación y que dos semanas en un juego de palabras es suficiente.

3. Nombres de los personajes

3.1. Reglas que se impone Goscinny

- Todos y cada uno de los nombres de personajes provienen de un juego de palabras o, al menos, tienen un sentido en francés.

- Los galos terminan en “ix”, pero no se construyen de cualquier manera. Provienen principalmente de palabras en francés que terminan con “i”, “ique”, “isque” (en castellano “i”, “ico”, “ica”, “isco”). Del mismo modo, no cualquier palabra sirve para generar un nombre de romano, egipcio, griego, bretón, normando, etc.; sólo aquellas cuya terminación pueda asimilarse naturalmente al objetivo deseado.

La traducción española no respeta casi nunca estas reglas.

Por ejemplo:

- En La hoz de oro, el personaje del gobernador romano de Lutecia, en la edición francesa, se llama Gracchus Pleindastus. Proviene de “Plein d´astuce” que significa “Lleno de astucia”. En la edición española, su nombre es “Gracchus Astutus”, haciendo referencia a “astuto”, cuya terminación en “uto” no habilita, según Goscinny, el nombre “Astutus”. El mismo personaje, en nuestra edición, se llama “Gracus Esunalus”.

- Asimismo, en Asterix y los godos, el godo Passemoilric (los nombres godos terminan en “ic”) proviene de “Passe-moi le riz” (pasame el arroz); en la traducción española se llama Abolladic, que viene de “abollado”, ¡¡¡que termina con “ado”!!! En nuestra traducción, este personaje se llama Neurastenic.

Estos fueron dos ejemplos, pero insistimos: la traducción española casi nunca respeta las reglas que se fija Goscinny, por lo general, a niveles exasperantes. En anexo ofrecemos el listado total de los personajes en tres columnas: original francés, traducción española, traducción argentina.

3.2. Los personajes emblemáticos.

Los derechohabientes nos autorizaron a cambiar todos los nombres, con excepción de Asterix y Obelix. Sin embargo, decidimos hacer algunas concesiones, ya que algunos de los personajes ya pasaron a la inmortalidad. Esta inmortalidad la debemos, lamentablemente, a lo que en nuestra opinión fueron malas decisiones de los traductores originales, pero estimamos igualmente que cualquier cambio sería atentar contra los emblemas.

Aquí la lista exhaustiva de aquellos nombres que no cambian y que rompen la regla de Goscinny, en nombre de esa inmortalidad:

- Abraracurcix, el jefe: Abraracourcix proviene del francés “À bras raccourcis”, que significa “a brazo partido”. Abraracurcix no proviene de ningún conjunto de palabras que cobren sentido en castellano. Notemos que el traductor español tomó la iniciativa de cambiar “ou” por “u” cuando, en lugar de esto, debería haber elegido otro nombre. Por ejemplo, en la traducción al inglés, el jefe se llama “Majestix”. Observemos, también, que el traductor español, en uno de los álbumes, se arrepiente y llama al jefe “Abrazopartidix”. En los siguientes álbumes se vuelve a arrepentir y retoma “Abraracurcix”. Difícil decidir cuál de las dos decisiones es la peor.

- Asuranceturix, el bardo: Assurancetourix proviene de “assurance tous risques”, que significa “Seguro a todo riesgo”. Asuranceturix presenta los mismos problemas que Abraracurcix. También, en algún álbum de la traducción española, el bardo se llama “Seguroatodoriesguix”, iniciativa bastante desgraciada que tampoco se mantuvo y se volvió a reemplazar por la iniciativa desgraciada anterior.

Por fuera de los personajes, tampoco modificamos los nombres de los campamentos romanos Petibonum ni Babaorum por considerarlos también emblemáticos, si bien en castellano no cobran ningún sentido. “Petit bonhomme” significa algo así como “chabón” y “Babá au rhum” es esa factura bañada en alcohol, comúnmente llamada “borrachito”.

3.3. Los personajes importantes que sí cambian.
Es difícil establecer la frontera que separa a los personajes cuyos nombres mantenemos a pesar de romper con las reglas de Goscinny y los que no. El criterio fue conservar la menor cantidad posible de personajes cuyos nombres propios son el resultado de la desidia del traductor anterior. Aquí, algunos ejemplos:

- Edadepiedrix, el anciano: la edición original lo llama Agecanonix, del francés “age canonique” (edad canónica). Proviene obviamente de “edad de piedra” que, también obviamente, termina con “dra”, que no se “declina” naturalmente en “ix” (obviamente). Lo llamamos Geriatrix. Notemos que en la traducción española a veces este personaje se llama Vegestorix, nombre que tampoco respeta las reglas de Goscinny.

- Karabella, la mujer del jefe: la edición original la llama Bonemine, del francés “Bonne mine” (buen aspecto). Preferimos llamarla Buenamina. Su diminutivo cariñoso en francés, “Mimine” pasa a “Mimina”.

- Zebigbos: es el jefe bretón en Asterix en Bretaña. En Francia, el artículo “the” se pronuncia fonéticamente como una “z”. El nombre del jefe bretón proviene de “The big boss”, el gran jefe. El problema es que en castellano “the” no se pronuncia como una “z” sino más bien como una “d”. En nuestra traducción, el jefe bretón se llama “Debigbos”. Fin de la intriga para aquellos que durante décadas se preguntaban de dónde venía Zebigbos, que no tenía ninguna gracia.

3.4. Los personajes secundarios

Encontramos a lo largo de toda la obra una profusión de personajes secundarios. Para poder respetar las reglas implacables de Goscinny, cambian todos. Aquí, algunos ejemplos de los personajes que encontrarán los lectores:

Galos: Malcomix, Dividix, Chimichurrix, Frenetix, Guefiltefix, Gintonix.

Romanos: Espinadecactus, Nodijonimus, Trolebus, Mariobaracus, Futlus, Pipicucus, Quelultimoapaguelalus, Tiramisus, Capitanpilus.

Egipcios: Suigeneris, Ginfis, Epidermis.

Griegos: Simplefas, Secalzoloscortos, Elacabos.

Bretones: Telefax, Mac Iavelix.

Normandos: Garraf, Piltraf, Partedelstaf.

Mujeres galas: Pastafrola, Perinola, Agarratecatalina.

3.5. Excepciones

Goscinny se permite romper sus propias reglas solo en casos contadísimos y siempre en nombre de una causa superior. Damos un ejemplo: en Asterix y los normandos, Frenetix, el sobrino luteciano del jefe Abraracurcix (¡y no Gudurix, que en francés proviene de “Goût du risque” -gusto por el riesgo- y en castellano no quiere decir nada, por Dios!), trata a los habitantes de la aldea gala de “Plix”. Proviene del argot francés “plouc” que significa “Pajuerano”. En este caso usamos “Pajueranix”, y esto sólo porque Goscinny se sintió él mismo autorizado a pasar por alto su regla.

Por nuestra parte, en Asterix y los Godos nos permitimos hacer una excepción a la regla de Goscinny en nombre de un guiño al lector. Los dos romanos que cuidan la frontera entre la Galia y Germania se llaman Tulus y Tacuarembus. Unos dicen que Carlos Gardel nación en Toulouse, otros en Tacuarembó…

3.6. Los acentos

Para pronunciar “Astérix”, en francés se necesita poner un acento en la “e”, si no, se pronunciaría de otra manera ya que la “e´” y la “e” son dos vocales diferentes. Pero esto no quiere decir que el acento tónico esté en la “e”, ¡está en la “i” final! En esta traducción, optamos que Asterix conserve el acento en la “i” para que guarde referencia con “asterisco”, palabra de la que proviene el nombre del héroe. En síntesis, tanto “asterisco” como “obelisco” llevan el acento en la “i”, entonces los protagonistas, en nuestra traducción, se llaman Asterix y Obelix, ¡sin tilde, por Tutatis! Además, es sabido que en galo antiguo todas las palabras tienen su acento tónico en la última sílaba.

Para cerrar

Nuestro objetivo aquí no es descalificar la traducción española. En definitiva, fue gracias a esta traducción que conocimos y disfrutamos Asterix. Pero sí es nuestra responsabilidad explicar detalladamente a los lectores las razones de hacer una nueva traducción como la que llevamos adelante, devolviendo a Goscinny lo que es de Goscinny.

NOTA:
Quienes deseen comparar la lista general de nombres propios en las distintas ediciones, pueden recurrir a los anexos incluidos en la nota de la página web de Libros del Zorzal:
http://www.delzorzal.com/editorial/noticias-de-la-editorial/733-goscinny


lunes, 21 de mayo de 2018

4ª Semana del Libro Argentino en Barcelona

"Entre los días 1 y 7 de junio se realizará la II Semana Argentina en Barcelona. La fecha coincide con la estadía de entrenamiento que la selección de fútbol de Argentina estará realizando en Barcelona". Así dice la bajada de la nota ad hoc, publicada por el diario deportivo Sport, de Barcelona. 

La nota informa que “La fecha coincide con la estadía de entrenamiento que la Selección de fútbol de Argentina estará realizando en Barcelona previo a viajar al Mundial de Rusia.” Luego se aclara que "La presencia de la selección en la ciudad genera mucha expectativa en la colectividad argentina que vive en la región y en este contexto se organiza esta actividad para canalizar el apoyo al equipo nacional, promover la integración entre la ciudad de Barcelona y Argentina, y promocionar al país". Y continúa: "Para ello, durante esa Semana se realizarán múltiples actividades culturales y deportivas para toda la familia en distintos puntos de la ciudad: presentaciones de libros, espectáculos en el espacio público y hasta una 'rua argentina'". 

Esas "múltiples actividades culturales y deportivas" cuentan con el apoyo del Consulado de Argentina en Barcelona, institución que, a lo largo de los últimos años, jamás le prestó ni ayuda ni atención a las actividades dedicadas a la edición y la literatura argentinas que, apenas una semana antes, realiza la Llibrería Calders, como puede leerse en la gacetilla que sigue. Dicho de otro modo, lo de "pan y circo" excede cumplidamente a los gobiernos populistas y también es aplicable a los de centro derecha. 

4ª Semana del Libro Argentino en Barcelona


Como cada año desde 2015, la Llibrería Calders celebra del 22 al 26 de mayo de 2018 su semana dedicada a la edición y la literatura argentinas. Se trata de un espacio abierto al debate y la difusión de la cultura libresca argentina en el que se presentan novedades y proyectos editoriales, con la idea de que el público barcelonés se acerque a lo que se está produciendo al otro lado del Atlántico y tenga acceso a autores y editoriales menos conocidos a este lado.

Si en ediciones anteriores hemos hablado de la importante presencia de la edición ilustrada y los ilustradores, de la edición de poesía, de la explosión de narradoras jóvenes, de los autores malditos que pasaron por Barcelona, etc., la presente está dedicada a los aspectos más terrenales de la producción editorial, tanto desde una perspectiva histórica como desde la más cotidiana y ligada a la experiencia de libreros, distribuidores, lectores. A esto como broche festivo un ecléctico homenaje coral al músico Luis Alberto Spinetta, con motivo de la reedición de Guitarra negra (La Marca Editora), su mítico libro de poemas.

Asimismo, como en anteriores ediciones, la Semana se desplaza a otras librerías y cierra sus actividades, a la hora del vermut, en la librería Barra/Llibre de Sants, con la presentación de un libro sobre la vida de Llull (El perro infinito, Editorial TEGE) escrito por un argentino residente en Alemania. Además, dos nóveles editoras de aquí y allá conversarán frente a frente acerca de las delicias de publicar libros y sobrevivir con alegría.

Programa
del 22 al 25 de mayo, todos los días a partir de las 19:30 en la Llibrería Calders
26 de mayo, 13:00 en la Llibrería Barra/Llibre

martes 22 de mayo
Editar ahora, aquí y allá. Julieta Mortati de Tenemos Las Máquinas y Eugènia Broggi de L’Altra Editorial hablan del reto de lanzarse a hacer libros. Modera Isabel Sucunza.

miércoles 23 de mayo
La edición, pasado, presente ¿y futuro? Alejandro Dujovne presenta Una historia del libro judío (Siglo Veintiuno Editores) y charla con Edgardo Dobry y Marina Cañardo (Fábrica de músicas, Gourmet Musical) acerca de los avatares de la edición.

jueves 24 de mayo
El libro argentino a pie de calle. Libreros barceloneses hablan de su particular cánon de autores y libros argentinos. Con Carlos Acevedo (Laie), Pedro Vizán Carralcázar (Barra/Lllibre), Josep Cots (Documenta) y Abel Cutillas (Calders). Modera Andrés Ehrenhaus.

viernes 25 de mayo
El flaco, genio y figura. Presentación coral y ecléctica de la reedición de Guitarra Negra seguida de karaoke espontáneo de canciones de Luis Alberto Spinetta, a cargo del DJ Overrated SoundSystem. Con la presencia de Alberto Hojman, Jonio González, Alejandro Di Constanzo, Ale Matus, Elenio Pico, Raúl Carlevaro, Matías Néspolo y muchos otros.

sábado 26 de mayo
Cierre y vermut (en Barra/Llibre)
Presentación de El perro infinito. La vida de Ramón Llull (Editorial Tege), de Rodrigo Díaz, con Ignacio Aguirre.

viernes, 18 de mayo de 2018

Carlos Gamerro reflexiona sobre la lengua


Como es de dominio común, el año que viene padeceremos otro Congreso de la Lengua. Esta vez el contubernio tendrá lugar en la ciudad de Córdoba (Argentina), que alegremente, junto con la nación entera, dilapidará varios millones de dólares para que un risible rey extranjero se pasee por nuestro país, mientras una serie de académicos a la violeta lleven a cabo sus negocios con otros tantos aprovechados locales. Mucho antes de eso, el narrador, ensayista y traductor Carlos Gamerro leyó el siguiente texto en la presentación del CILE 2019, que tuvo lugar en la Feria del Libro de Buenos Aires, el pasado 11 de mayo.

Seis palabras para el Congreso de la Lengua.

Como cuento con poco tiempo, voy a proponer apenas seis palabras – ya que de palabras se trata – para el próximo congreso de la lengua. Cada palabra irá acompañada de una breve glosa, eso sí. Primera palabra, entonces:

MODESTIA. “Siendo la nuestra una de las lenguas más hermosas y poderosas y eficaces del mundo”, dijo Camilo José Cela en su discurso de apertura del primero de estos congresos, dando, con el gerundio, por sentado el hecho. “Yo creo profundamente que es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social” dijo a su vez Carlos Fuentes en la apertura del tercero. Para no dejarnos arrastrar por tan contagioso entusiasmo, propongo, como antídoto, esta límpida frase de Borges, de “El idioma analítico de John Wilkins”: “todos los idiomas del mundo son igualmente inexpresivos”, idea que completa, en el mismo ensayo, con una frase de Chesterton: “El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables, y más anónimos que los colores de una selva otoñal… cree, sin embargo, que esos tintes, en todas sus fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y de chillidos.” El idioma no es un cuadro de fútbol: para quererlo no hace falta pensar que es el mejor. Cuando Darwin pasó por estas costas, más precisamente por Tierra del Fuego, se topó con los yámanas, que se le figuraron los hombres más primitivos del orbe, y asumió que su lengua constaría a lo sumo de cien vocablos, pues no necesitarían más para su ruda vida. Cuando su compatriota el reverendo Thomas Bridges se tomó el trabajo de preguntarles, pudo compilar un diccionario de más de treinta y dos mil palabras. Lo cierto es que todas las lenguas del mundo son igualmente hermosas, eficaces, bellas y elocuentes o, como quería Borges, deficientes. Ningún carácter intrínseco convierte a una u otra en instrumento más o menos adecuado para dar cuenta de la realidad, de las emociones y del pensamiento. Cito a Borges una vez más, para no perder la costumbre: “No hay edición de la Gramática de la Real Academia que no pondere ‘el envidiado tesoro de voces pintorescas, felices y expresivas de la riquísima lengua española’, pero se trata de una mera jactancia, sin corroboración”. En lo que sí acierta Cela es en lo de la potencia: hay lenguas más poderosas que otras, pero eso se debe a factores externos, como el poderío militar o económico de los pueblos que las hablan, como él mismo se ocupa de recordarnos, en el mismo discurso, al citar la conocida frase de Nebrija: “siempre la lengua fue compañera del imperio.” Hay, sí, un factor específicamente lingüístico, que es también técnico, que influye: la escritura. Una lengua se vuelve más poderosa al acumular una tradición, para lo cual precisa de una escritura: las lenguas no escritas no tienen historia, pues su pasado constantemente se está perdiendo, y están condenadas al puro presente. El español actual, en cambio, es el español que se habla hoy en todo el mundo hispano y es también el español de Fernando de Rojas, de Cervantes, de Sor Juana. El español de ayer es también el español de hoy, y el lugar de ese encuentro es la literatura. En el momento actual, el poder de imponer bien puede dar paso al poder de ayudar: el español puede compartir esta riqueza acumulada con todas las lenguas vecinas, puede y debe ayudar a dar escritura, y así literatura y tradición de largo plazo a aquellas que no la tienen. Lo cual me lleva a la segunda de nuestras palabras:

SOLIDARIDAD. “El español,” dijo Octavio Paz en su discurso inaugural del primer congreso, “no es muchos árboles, es un solo árbol pero inmenso, con un follaje rico y variado bajo el que verdean y florecen muchas ramas y ramajes”. Confieso que la frase me confunde: no acabo de entender si las ramas y ramajes que verdean bajo el árbol son parte del árbol o no, no entiendo si Paz está hablando de las variedades del español o de las lenguas con las que el español se codea. Si se trata de esto último, que es lo que la metáfora parece sugerir, su imagen nos mete en problemas: parece decir que son lenguas que deben sobrevivir o vegetar como mejor puedan a la sombra de ese gran árbol del español. Este árbol del español, lo sabemos, creció en América sobre las cenizas de las lenguas originarias. Lenguas que en muchos casos habían desarrollado o estaban desarrollando una escritura, y por lo tanto una historia, acompañando, también, a sus respectivos imperios: una escritura que la conquista española en algunos casos destruyó, una historia que también borró. No se trata de lamentar el pasado, ni de invocar culpas históricas; sí de descubrir nuevas maneras de abrir el diálogo entre estas lenguas, para lo cual es necesario fomentar el uso y desarrollo de las lenguas locales. Este uso no debilitará el del español, sino todo lo contrario. El español siempre se ha nutrido y enriquecido de todas las lenguas con las que ha entrado en contacto: el árabe, el hebreo, el catalán, el euskera, el vasco, el valenciano, el portugués, las innumerables lenguas originarias de América, las lenguas de África, tanto en África y en América, las numerosas lenguas de la inmigración, y el inglés, en los Estados Unidos y el Caribe. Estas lenguas le han aportado sus vocabularios y también sus ritmos, sus músicas, sus sintaxis, sus pronunciaciones: su aliento, en suma, que también es su alma. Dónde estaría el espléndido español de José María Arguedas sin el quechua, el de Nicolás Guillén sin el afrocubano, el de Miguel Angel Asturias sin las lenguas mayas, el de Roa Bastos sin el guaraní. A la tercera edición de este congreso, realizada en Rosario, se le contestó con el simultáneo Congreso de laS LenguaS, que reivindicó “el derecho a la autodeterminación lingüística de cada pueblo” y proponía “superar el estigma de Babel, para que diferencia no sea sinónimo de destrucción e incomunicación.” El español es y seguirá siendo por mucho tiempo la lengua franca de esta vasta geografía, y es mucho los que puede hacer para fomentar el desarrollo de todas estas lenguas que vincula.

VARIEDAD: El estatuto de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) promueve “velar porque la lengua española no quiebre su esencial unidad.” ¿En que radicará esta ‘esencial unidad’, me pregunto?  Así como las instituciones que se nuclean alrededor de este congreso pueden cultivar la relación con lenguas vecinas, no deberían asustarse y asustarnos con el cuco de una eventual fragmentación del español. Se dice, con razón, que todos los hablantes del español pueden entenderse entre sí. Pero la mutua comprensión es solo uno de los ejes para definir la ‘unidad esencial’ de una lengua. Los hablantes del danés, del sueco y del noruego se entienden entre sí, pero afirman hablar lenguas distintas, porque cada una se corresponde con los límites nacionales. Los hablantes de las distintas lenguas de Italia dicen no entenderse entre sí, pero muchos afirman que hablan dialectos de una misma lengua, para que estos corresponden a sus límites nacionales. La ‘unidad’ de la lengua es una decisión o una ficción a veces más política, simbólica y emotiva que objetivamente lingüística. 

EMOTIVIDAD. Porque hay más en juego que la comprensión. “¿Qué zanja insuperable hay entre el español de los españoles y el de nuestra conversación argentina?” se preguntaba Borges en “El idioma de los argentinos” y se respondía: “Yo les respondo que ninguna, venturosamente, para la entendibilidad general de nuestro decir. Un matiz de diferenciación sí hay: […] Pienso en el ambiente distinto de nuestra voz, en la valoración irónica o cariñosa que damos a determinadas palabras, en su temperatura no igual. […] No hemos variado el sentido intrínseco de las palabras, pero sí su connotación. Esa divergencia, nula en la prosa argumentativa o en la didáctica, es grande en lo que mira a las emociones.” Debemos entonces recordar que además de la mutua entendibilidad, hay que atender a la mutua tolerabilidad. El fenómeno es conocido por todos: podemos deleitamos, aquí en Argentina, con una novela española o una película española rebosantes de españolismos; pero si los mogollones y gilipollas aparecen en una novela de Djuna o de Julian Barnes pueden producirnos dolor de vientre, y si cae en nuestras manos una película en lengua extranjera doblada al español peninsular, preferimos no verla. Entenderemos todo, pero las sensaciones se volverán sutilmente anómalas: lo erótico nos resultará gracioso, lo dramático afectado, etcétera. Lo mismo, presumo, le pasará a un lector o espectador español si la novela traducida o la película doblada les llega en español mejicano o rioplatense. Pero esto no sucede, no se levanta esta barrera emotiva, o no se levanta tan alto, si la obra traducida en Méjico es leída en Argentina o viceversa. La razón es simple: los traductores latinoamericanos traducen para todos los hablantes del español, los españoles sólo para los de España. Pero como los centros del poder editorial están en España, no podemos circular las traducciones hechas en Latinoamérica, no ya hacia España, sino ni siquiera entre nosotros: sobre todo en el caso de autores que son de uso exclusivo, por no haber entrado aún en dominio público. Si hay una brecha que crece entre el español de España y el de América es ciertamente ésta: el mercado está convirtiendo el Atlántico en abismo. Las instituciones y las academias no son responsables de este estado de cosas, pero pueden hacer mucho por modificarlo, si tienen la voluntad de hacerlo. Lo cual me lleva a la palabra:

HERMANDAD. “Recuerdo a los americanos que habláis el español que esta es la lengua común de todos, ni mas ni menos nuestra que vuestra” dijo Camilo José Cela en su discurso inaugural, opinión refrendada en la misma ocasión por Octavio Paz: “El idioma que haban los argentinos no es menos legítimo que el de los españoles, los peruanos, los venezolanos o los cubanos.” Todos estamos tan de acuerdo en esto que decirlo, hoy, parece una perogrullada; además, decir otra cosa sería políticamente incorrecto. Y sin embargo, es un principio más fácil de predicar que de practicar. El corrector Word de mi computadora, cuando lo pongo en “Español argentino” me señala como errores absolutamente todas las formas del voseo. La Real Academia ha elaborado un diccionario de americanismos, pero no un diccionario de españolismos. O sí, pero le han puesto por título Diccionario de la lengua española. Decimos la igualdad, pero seguimos actuando como si el español de España fuera la lengua, y los españoles americanos sus dialectos. Hay síntomas preocupantes: El diario El Mundo publica una lista de las cien mejores novelas en castellano del siglo XX: 70 son españolas y solo 30 de América. Es comprensible que todos tengamos cierta parcialidad hacia los productos de nuestra tierra: pero estoy bastante seguro de que ningún sondeo mejicano, colombiano o peruano daría como resultado 70 novelas propias y 30 del resto del mundo hispanohablante. La lista es de 2001, y podría haber quedado como una curiosidad histórica salvo que es la que se replica en las redes, empezando por Wikipedia, lo cual plantea otro tema de interés: qué español, y qué ideas sobre el español, circulan de las redes. El año pasado, el diario El País difundió una lista de traducciones canónicas, elaborada por la asociación española de traductores ACETT. De las veinte que incluyen, una sola fue realizada por una traductora americana – residente en España. Todas las demás son españolas. Una curiosidad, y un ejemplo significativo: la primera recomendada es la traducción de Lolita de Francesc Roca, muy inferior a la primera y excelente traducción de Enrique Pezzoni, a la cual ni los argentinos, ni el resto de los latinoamericanos podemos acceder: el mercado español nos impone la suya y nos veda la propia. Hay, empero, señales alentadoras: Hace algunos años me tocó participar en el proyecto de traducción “Shakespeare por escritores” dirigido por Marcelo Cohen desde Argentina y publicado por editorial Norma de Colombia. Se trataba de un proyecto panhispánico en el sentido más pleno: escritores de todo el mundo de habla hispana, americanos y españoles todos mezclados y confundidos, traducían las obras de Shakespeare. Y volviendo al ámbito de este congreso, el Instituto Cervantes, que toma su nombre de un escritor que todos los hablantes de la lengua sentimos como propio, que ha perdido toda connotación exclusivamente nacional, promueve en sus filiales del mundo entero la participación de escritores de todo el mundo de habla hispana, sin preferencias ni privilegios. La radicación de este congreso, siete veces en tierras de América, una en España, atiende al mismo principio. Pero no son tan claras las señales que emiten las academias de la lengua. La estructura actual de la ASALE, con una Real Academia española, y una constelación de academias nacionales, hace perdurar la idea, conciente o inconciente, de una jerarquía y una preeminencia. Creo que con el siglo XXI bien avanzado ha llegado la hora de hacer a un lado las metáforas de paternidad o maternidad y hablar únicamente de países hermanos. España y América ya no mantienen lazos coloniales ni en lo político ni en lo económico: es anacrónico pretender que perduren, así sea como fantasmas, en la lengua y la cultura. En lugar de una Real academia, es hora de tener una Academia real, de las lenguas españolas, verdaderamente horizontal y fraterna. Creo que será una ocasión de júbilo para todos, y de alivio para España, a la cual ya le debe estar pesando este inverosímil rol de madre adoptiva.  

CADUCIDAD. “La lengua es más vasta que la literatura” dijo Octavio Paz en Zacatecas, pero también cabe recordar que es más efímera. El griego antiguo ha muerto, pero leemos a Homero; y leemos a Virgilio a pesar de que ya nadie habla el latín. Y no solo se trata de la extinción completa. Las lenguas mueren muchas veces en el curso de sus vidas. Los cuentos de Canterbury están escritos en inglés, pero ningún hablante nativo puede leerlos hoy en su forma original, a no ser que aprendan la lengua de Chaucer, casi como una lengua extranjera. Lo mismo está pasando, o pasará en breve, con el español de El libro del buen amor, el de El conde Lucanor, el de La Celestina. En 2015 Andrés Trapiello dio a conocer su traducción del Quijote – al español contemporáneo. La barrera, una vez más, no es tanto de comprensión referencial o intelectual, sino de participación emotiva. A muchos lectores actuales ‘no les llega’ el español cervantino. No es mi caso, yo disfruto del español de Cervantes, Góngora y Quevedo tan intensamente como de todos los actuales, pero lo percibo en mis alumnos, jóvenes y adultos. Tarde o temprano, todos los monumentos literarios deberán ser traducidos a los nuevos españoles, además de a otras lenguas. Es un horizonte lejano, sin duda, pero no por ello menos cierto. Los sucesivos congresos de la lengua deberán velar, también, por la suerte de una compleja y riquísima literatura que sobrevivirá a la muerte de la lengua en que fue escrita.