martes, 26 de septiembre de 2017

Convocatoria para las becas del CNL

Mateo Schapire (foto), adjunto para la promoción y difusión del libro francés, del Institut Français d’Argentine, como todos los años, hace llegar la siguiente información sobre becas  del Centre National du Livre de Francia.

Estimados traductores

Se encuentra abierta la convocatoria del Centre National du Livre de Francia (CNL) para becas de estadía destinadas a traductores experimentados en literatura o ciencias humanas y sociales. Estas becas permiten llevar a cabo proyectos de traducción de obras francesas. Antes de presentarse, el candidato deberá ya contar con un contrato de traducción con una editorial de lengua española.

Más información en:
y al final del formulario adjunto.
https://mail.google.com/mail/u/0/#search/mateo/15ea0892d991f145?projector=1

Para la convocatoria a la sesión de febrero, las personas interesadas pueden dejar su dossier completo (formulario adjunto más documentos solicitados) hasta el martes 17 de octubre inclusive en el Institut Français d’Argentine (Basavilbaso 1253), a nombre de Bureau du Livre – Mateo Schapire. Nosotros se lo transmitiremos al CNL.
Los horarios de recepción son de 9 a 13 h y de 14 a 17 h.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Los piratas del Perla Negra fijan encuentro en Córdoba con la armada Brancaleone

El año que viene va a haber un nuevo Congreso de la Lengua. La Argentina será sede, por segunda vez, y tendremos el consabido desfile de personajones, a jetones de toda laya y a los notables locales de la ciudad de Córdoba, llenándose la boca con el supuesto logro, por el cual el país deberá desenbolsar una importante cantidad de dinero. Según señala Silvia Friera en su crónica para el diario Página 12 del 23 de septiembre pasado, “En un acto quizá demasiado solemne, funcionarios argentinos y españoles presentaron en el Museo Nacional de Arte Decorativo la octava edición, a realizarse del 27 al 30 de marzo de 2019”.

Encuentro en Córdoba

La lengua que hablan más de 500 millones de personas en el mundo será la gran protagonista. El largo camino al VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), del 27 al 30 de marzo de 2019 en Córdoba, comenzó con una presentación demasiado solemne en el Museo Nacional de Arte Decorativo. “Un bodrio”, se atrevió a definir alguien. Siempre hay un incorrecto –o un provocador de perfil bajo– agazapado entre especialistas con cabelleras postizas. El lema de la próxima edición, que convocará a escritores, académicos, expertos y profesionales de todo el mundo, será “América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento”. La promesa de que habrá un especial énfasis de la presencia de la “calle” quedó flotando como un deseo que tendrá que sortear varios obstáculos. “El CILE es un gran festival de la lengua”, dijo Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, acompañado por el director del Instituto Cervantes, Juan Manuel Bonet.

El VIII Congreso –que contará con la presencia de los reyes de España en la inauguración– continuará la línea de los celebrados en Zacatecas (México, 1997), Valladolid (España, 2001), Rosario (2004), Cartagena de Indias (Colombia, 2007), el “virtual” Valparaíso (Chile, 2010, que no se efectuó in situ por el terremoto), Ciudad de Panamá (2013) y San Juan (Puerto Rico, 2016). “Los congresos no son de especialistas, sino que está presente la calle”, afirmó Bonet y agregó que les importa subrayar en cada encuentro el diálogo del territorio con España. Las figuras que lo permitieron en la pasada edición fueron los poetas Juan Ramón Jiménez y Luis Salinas, que estuvieron exiliados en Puerto Rico. El titular del Cervantes precisó que a pocos kilómetros de Córdoba vivió el músico Manuel de Falla (1876–1946), quien formará parte del programa del CILE 2019 con “una gran evocación musical”; y otro exiliado español al que se le rendirá tributo es Juan Larrea, poeta de la “Generación del 27” que murió en Córdoba en 1980. Bonet recordó la situación minoritaria de los hablantes nacidos en España: “Los españoles somos el 10 por ciento de los hispanoblantes”.

“Tengo la sensación de que debo ser solemne y al mismo tiempo informal”, confesó Pablo Avelluto, ministro de Cultura de la Nación. A confesión de parte, relevo de prueba. “La magnitud del Congreso para los millones de hispanohablantes es de una trascendencia imposible de medir”, aseguró el ministro de Cultura y subrayó que es “un honor” que el país sea sede de este encuentro por segunda vez. “La lengua nos une y nos da una de las pocas identidades globales que tenemos. El verdadero tesoro no está en el Banco Central; está en nuestra lengua”, concluyó Avelluto. José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de Letras, afirmó que el CILE permitirá “poner en vidriera la realidad de una provincia y de un país” y aclaró que nuestra lengua es “un patrimonio vivo compartido por 23 naciones”. El ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos, de inconfundible acento cordobés, fue la excepción a la regla de la solemnidad. “No puedo olvidarme que en Córdoba nació el primer poeta argentino, Luis José de Tejeda, aquel que allá por finales del siglo XVII tuvo que huir a La Calera, perseguido por casi todos los maridos de la época”, comentó, en alusión a la vida amorosa “tormentosa” del poeta, y mencionó también al escritor cordobés Arturo Capdevila (1889-1967); a Juan Larrea, exiliado español que editó la revista Aula Vallejo; el paso por su provincia natal de Pablo Neruda y Rafael Alberti; y la Córdoba de la revista Hortensia, donde apareció Roberto Fontanarrosa, “que deslumbró en el Congreso de Rosario” con su elogio de las malas palabras. El ministro de Turismo terminó parafraseando un breve poema del chileno Gonzalo Rojas: “Que la palabra sea un aire, un aire, un aire, no para respirarlo sino para vivirlo”. Elena Pérez, decana de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Córdoba, señaló que en el libro ¿Qué significa hablar? Pierre Bourdieu dice que los rituales “nos ponen en los umbrales de iniciación de los caminos”. “Parados en esos umbrales, podemos ver, si levantamos la mirada, lo que vendrá. Esperamos estar a la altura de las circunstancias”, concluyó la decana.

viernes, 22 de septiembre de 2017

"La broma se materializa en contante y sonante"

Fernando Alfón acaba de enviar al Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, la siguiente reseña en la que se ocupa de Nuestra expresión (2017), el reciente volumen seleccionado, prologado y anotado de José Luis Moure (foto; ver otra reseña, esta vez de Oscar Conde, en la entrada de este blog del 17 de agosto pasado).

Lengua y emancipación III 

La legendaria Editorial Universitaria de Buenos Aires publicó este añouna antología de textos en torno a la identidad de la lengua de los argentinos, Nuestra expresión (2017), seleccionada, prologada y anotada por José Luis Moure, actual presidente de la Academia Argentina de Letras y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Por el carácter polémico de casi todos los textos que recoge, el libro se inscribe en una vastísima tradición querellante que arranca con Juan Cruz Varela en 1828 y tuvo su auge un siglo más tarde, el mismo año en que Borges publicó El idioma de los argentinos. Sorprende entonces que, en el cordial prólogo que Moure le acomoda, enfatice que «nada podría ser más ajeno a la intención de este libro que revivir animosidades y enconos anacrónicos».

A esos enconos y animosidades —forma reductora de aludir una sociología crítica del lenguaje— ya les había compuesto un epitafio el filólogo platense Arturo Costa Álvarez en Nuestra lengua (1922), un volumen precursor de Nuestra expresión. La razón, ahora, por la que Moure los considera anacrónicos —sigo siempre en el «Prólogo»— es que «Argentina ha superado doscientos años de vida independiente y no necesita reexaminar su condición de tal». ¿Qué nos quiso decir con esto de que ya no necesitamos reexaminar nuestra independencia? ¿Que declarada, allá por 1816, ya podemos despreocuparnos de ella? ¿Que es inútil seguir pensando la lengua como un terreno de disputas? ¿Que libros como los que él ahora publica son, en el fondo, anacrónicos? Quizá nos quiso decir algo más modesto: que podemos despreocuparnos por las tropelías de la Real Academia Española, porque ya escarmentó.¿Estamos nosotros, entonces, como Juan María Gutiérrez al rechazar el diploma de correspondiente, recelosos de una amenaza perimida; renegando contra una Real agiornada, que solo quiere echarnos una mano?

Si seguimos la última edición del Diccionario de la lengua española, un colombiano no se enterará que en Buenos Aires tenemos abrochadoras, aguinaldos y pochoclos; que un mazo también es la baraja; un micro, un bondi; y que también acá un zurdo, además, es alguien de ideas políticas de izquierda. Tampoco un chileno se enterará que en México el borracho del barrio es el teropocho;el haragán, el baquetón; o que apá no es solo una interjección «para estimular al caballo», sino la simple forma popular de decir papá. Ahora bien, todos sabremos,desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos, qué significa mileurista, aunque jamás la hayamos pronunciado. ¿Porqué este jovencito neologismo ya está estampado en un diccionario «panhispánico», burlándose del purgatorio donde envejecen centenares de voces americanas? Pues por la sencilla razón de que mileurista fue pronunciado en España. Luego cayó simpático a los académicos, que ganan por sus servicios lexicográficos un poco más que mil euros al mes.

Son picardías, lo sé, con las que se entretiene el Pleno durante las sesiones de los jueves; pero traslade usted, lector, este inofensivo pecadillo al mercado de la traducción, a la enseñanza del español en el mundo, al negocio de las comunicaciones. Ahí la broma se materializa en contante y sonante. La hegemonía que ostenta la Real para dictar la norma se traduce en una situación de privilegio para la industria cultural española que tenga a la lengua como su mayor mercancía. El Diccionario es el mascarón de proa de un enorme barco cuya tripulación son las empresas ibéricas. El Instituto Cervantes, que ha demostrado habilidad con los números y los mapas: ¿ha estudiado empíricamente el factor de aislamiento lingüístico que implica el dominio de la Real sobre las naciones americanas?Es imposible que un libro editado en Colombia llegue a Argentina o Uruguay;o uno,traducido en Paraguay o Bolivia, llegue a Venezuela. Lo que tienen en común todos estos países, es que están inundados de libros traducidos, prologados, anotados y editados en España. La «unidad de la lengua» es el eslogan en el que se festeja la desunión que se acrecienta con cada españolada. Una es elDiccionario de americanismos, que«traduce al español» las voces corrientes de este lado del Atlántico. Otra es la Asociación de Academias de la Lengua Española, cuya casi totalidad son americanas, pero radicó su máximo órgano de gobierno en la calle Felipe IV, número 4, de Madrid, justo el mismo domicilio de la sede oficial de la RAE. Nos toman por virreinatos, pero el amable nombre bajo el cual lo administran se llama panhispanismo.

Moure tiene razón al sugerir que nuestra querella soberanista ya lleva casi dos siglos y nos tiene a todos muy fatigados. También entretenidos, porque en medio de las hostilidades se gestó una nueva acepción para el verbo raer: «hacer pasar por universal lo local y viceversa». Si la Real le acomodara a su obra paradigmática el justísimo nombre de Diccionario de la lengua española de España, dejaría de raer y ya estaríamos en mejores condiciones para no necesitar reexaminar nuestra independencia. América dejó de raer cuando presentó el Diccionario del español de México (DEM), el Diccionario integral del español de Argentina (DIEA), el Diccionario del español del Uruguay (DEU). Ninguno de estos repertorios se esconde detrás de ninguna totalidad, para venderse urbi et orbi; les basta con servir a sus compatriotas. Ninguno de ellos pone en peligro la unidad de la lengua, ni agita enconos ni animosidades. Son atisbos de lexicografía soberana para entendernos un poco mejor, cuanto menos, al interior de cada nación. Son los demorados frutos de la querella que recopila, profusa y acertadamente, Nuestra expresión. Prueba del valor de la antología es la joya que agrega al final, el ensayo-pregunta del poeta Enrique Banchs, en torno a unas «Averiguaciones sobre la autoridad en el idioma».


jueves, 21 de septiembre de 2017

En septiembre el SPET baila samba

En el marco de las Cuartas Jornadas Internacionales sobre formación e investigación en lenguas y traducción “Lenguas en el cruce de fronteras: políticas, prácticas y saberes” el SPET invita al panel “Adaptaciones intersemióticas de Don Quijote en el carnaval brasileño”

28/09/2017, 18:00 – 19:00, IES en Lenguas Vivas “J.R. Fernández” (Carlos Pellegrini 1515), salón de conferencias

Participantes: 
Silvia Cobelo (GREAT / Universidad de San Pablo),
Marcela Suárez (FFyL, UBA/ CONICET)
Presentación y moderación: Griselda Mársico / Uwe Schoor 

Este panel especial del Seminario Permanente de Estudios de Traducción (SPET) propone un diálogo entre la investigadora Silvia Cobelo, del Grupo de Estudio de Adaptación y Traducción (GREAT) con sede en la USP, y la docente e investigadora argentina Marcela Suárez, especialista en letras clásicas cuyos estudios giran en torno a la traducción actual de la comedia latina.

En primer lugar Silvia Cobelo hará una exposición de su proyecto, para luego dialogar con Marcela Suárez sobre diversos aspectos de la investigación.

Resumen del proyecto
Considerado una de las primeras festividades conocidas de la humanidad, el Carnaval se originó como un festival de la agricultura y se extendió con el Imperio Romano, convirtiéndose en un acto de despedida a los placeres carnales que termina el Miércoles de Ceniza. Esta celebración llegó a la colonia de Portugal, Brasil, donde se agregaron dos capas más: la cultura africana y la nativa brasileña. En la obra de Miguel de Cervantes, por su parte, diversos estudios reconocen la presencia del Carnaval en la elaboración de ciertos personajes y episodios. El caballero andante y su gordo escudero podrían ser un símbolo de la Cuaresma y el Carnaval, figuras icónicas fácilmente identificables desde la primera edición.

Esta presentación expone los primeros datos sobre una investigación de las adaptaciones intersemióticas de Don Quijote que han sido realizadas por dos escuelas de samba para los desfiles de carnaval 2010 y 2016. El propósito del análisis, que amplía los límites de los Estudios Semióticos y de Traducción/Adaptación para este tipo muy específico de adaptación, cercano a la ópera y el cine, es entender cómo el Carnaval, el símbolo mayor de la cultura brasileña, se apropió del gran libro cervantino para su espectáculo por excelencia: Los desfiles de las Escuelas de Samba.

Silvia Cobelo
Traductora literaria (inglés y español) y guionista graduada por la UCLA, se especializó en traducciones y adaptaciones de las obras de Cervantes, con una investigación de maestría y un doctorado [FFLCH-USP] sobre la recepción de Don Quijote en Brasil. Actualmente investiga las adaptaciones intersemióticas del Quijote para el Carnaval (tema de su pos-doctorado), además de películas, obras de teatro y otros elementos semióticos. Investigadora senior en tres grupos de investigación del CNPq: GREAT (Grupo de Estudio de Adaptación y Traducción), liderado por el Dr. John Milton (USP); Estudios y Traducciones del Teatro Español Clásico y Contemporáneo, dirigido por el Dr. Miguel Ángel Zamorano Heras (UFRJ) y Cervantes: poética, retórica y formas discursivas en España de los siglos XVI y XVII, encabezado por la Dra. María Augusta da Costa Vieira (USP). Miembro activo de asociaciones españolas/cervantistas y Estudios de Traducción/ Adaptación, participa en los principales eventos y publicaciones dentro de esos campos.

Marcela A. Suárez es Doctora en Letras con orientación en Lenguas Clásicas (Universidad de Buenos Aires). Se desempeña como Profesora Titular Regular de Lengua y Cultura Latinas del departamento de Lenguas y Literaturas Clásicas (Facultad  de Filosofía y Letras, UBA). Es investigadora independiente del CONICET. Ha dirigido proyectos de  investigación interdisciplinarios en torno de la palliata plautina. Desde hace varios años dirige proyectos dedicados a la traducción de la obra de Plauto y Terencio y al estudio del humor performativo en las comedias terencianas. Asimismo, se ha dedicado a la tarea de rescatar documentos y textos latinos pertenecientes al período colonial. Cuenta con múltiples publicaciones nacionales e internacionales en las siguientes áreas: Literatura latina, Literatura jesuítica y Tradición Clásica en América.

Si tiene previsto solicitar un certificado de asistencia, por favor no se olvide de firmar después de la reunión en la lista disponible en Cooperadora.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

III Coloquio de Traducción y Literatura en la Universidad Austral de Chile, Valdivia


Una vez más, la bellísima ciudad de Valdivia, esta vez hundida en la bruma del fin del invierno, fue el escenario de actividades académicas vinculadas a la traducción.

Organizado por Amalia Ortiz de Zárate Fernández, Directora de la Escuela de Pedagogía en Comunicación en Lengua Inglesa de la Universidad Austral de Chile, los días 7 y 8 de septiembre pasados, tuvo lugar un III Coloquio de Traducción y Literatura, en el ámbito de la Universidad Austral de Chile..

Las reuniones tuvieron lugar en el campus de la Isla Teja, los días 7 y 8 de septiembre pasados, centrándose en tres ejes: la traducción de la poesía de Shakespeare, la  traducción de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y la traducción de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. A todo ello se sumó la presentación de la antología The Other Tiger, compendio de poesía latinoamericana reciente, traducida al inglés por Richard Gwyn.

El programa completo se detalla a continuación.Se informa asimismo que las ponencias y participaciones estarán disponibles a la brevedad en youtube.

PROGRAMA


Jueves - 7 sept – Auditorio Edificio E. Huerta
9:50 -11:20
Presentación Coloquio (Amalia Ortiz de Zárate)
Conferencia –Andrés Ehrenhaus (traductor): "Traducir la poesía de Shakespeare".
Presenta y modera: Amalia Ortiz de Zárate

12:00 – 13:00
Mesa Redonda – "Traducir literatura desde y hacia la lengua madre",
Mesa: Richard Gwyn, Jorge Aulicino, Jorge Fondebrider, Pedro Araya
Presenta y modera: Carlos López Beltrán

15:50 – 16:50
Presentación y conversación: "Antología de poesía latinoamericana al inglés The Other Tiger de Richard Gwyn (traductor)"
Presenta y modera Marina Serrano

17:00-18:00
Lectura de poemas: poetas incluidos en la antología. 
Damsi Figueroa, Jorge Aulicino, Pedro Serrano
Lectura de los poemas en su traducción al inglés: alumnos de la Escuela de Pedagogía en Inglés:

18:00 Librería Q’Leo.
Lectura de poemas: otros poetas incluidos en la antología. 
Marina Serrano, Jorge Fondebrider, Carlos López Beltrán, Jaime Pino, Richard Gwyn.
Lectura de los poemas en su traducción al inglés: alumnos de la Escuela de Pedagogía en Inglés:
Conversación abierta entre el público y los escritores y participantes del Coloquio.

Viernes – 8 sept -Auditorio Edificio E. Huerta
9:50 -11:20
Exposición y diálogo: "Las anotaciones en la traducción de Madame Bovary", con Jorge Fondebrider (traductor) – Presenta y dialoga: Luis Bocaz.

12:00 – 13.:00
Exposición y diálogo: "La traducción de la Divina Comedia", con Jorge Aulicino (traductor) Presenta y dialoga: Roberto Matamala.



Algunos de los participantes del III Coloquio de Traducción y Literatura: de izquierda a derecha, Andrés Ehrenhaus, Pedro Serrano, Marina Serrano, Jorge Fondebrider, Damsi Figueroa, Jorge Aulicino, Verónica Zondek y Richard Gwyn. 

martes, 19 de septiembre de 2017

La poesía de Pedro Mairal traducida al francés

Publicada en En attendant Nadeau, la siguiente reseña a Supermarket Spring, volumen traducido al francés por Julia Azaretto, lleva la firma del traductor francés Paul Lequesne y se ofrece, en traducción de la española María José Furió/LIU, como complemento de la entrevista subida en el día de ayer.

Traducir a Pedro Mairal

Pedro Mairal, mascarón de proa de la nueva ola literaria argentina, es también uno de los representantes más singulares de la poesía sudamericana contemporánea, que maneja con igual acierto el humor, la desesperación y el endecasílabo, como demuestra su recopilación Supermarket Spring, publicado el pasado marzo por L’atelier du tilde.

Se trata de un precioso libro, la cubierta –papel gris beige, de grano rayado, tinta naranja— muestra una composición de inspiración curiosamente constructivista, como un cartel o el rótulo de una tienda, que reúne en un bloque vacilante una puntualización útil: «poesía argentina contemporánea», el nombre del autor: Pedro Mairal, el título: Supermarket Spring, y una particularidad del libro: edición bilingüe.

El nombre de la traductora figura en la cubierta trasera, en caracteres minúsculos: «Julia Azaretto». La primera solapa ofrece, afortunadamente, más información sobre ella. Así averiguamos que también es argentina y que traduce tanto al español como al francés. Basta con hojear la obra para constatar que es doble –la versión francesa y la versión española están separadas por una hoja de color naranja sin numerar.

Pedro Mairal, que cuenta 47 años en la actualidad, no puede ser calificado de «joven escritor» como hace el editor en la misma solapa. Propulsado en 1998 a la escena literaria argentina por su primera novela, Una noche con Sabrina Love, laureado con la primera edición del premio Clarín, cuyo jurado contaba entre sus miembros a leyendas de la literatura sudamericana como Adolfo Bioy Casares, Guillermo Cabrera Infante y Augusto Roa Bastos, hoy es un autor célebre, traducido a once idiomas –desde el inglés al yoruba--, autor de una obra coherente, que abarca diversos géneros como la novela, la poesía y el periodismo, y que ha cosechado con cada título un éxito de librería.

Bloguero sumamente activo, coautor junto con el dibujante Juan Sáenz Valiente de una sorprendente serie de televisión, Impreso en Argentina, donde cada episodio, construido como una ficción, describe y analiza una obra fundamental de la literatura hispanohablante so pretexto de adaptarla al cómic, Pedro Mairal, como subraya Julia Azaretto en su ejemplar introducción, juega con los géneros, con las palabras y las situaciones con una facilidad desconcertante, para construir lo que a fin de cuentas son historias trágicas teñidas de un humor devastador, y cuentos fantásticos de tonos singularmente premonitorios.

Las cuatro novelas de Pedro Mairal publicadas a día de hoy (en Francia por las editoriales Rivages, y Buchet-Castel la última de ellas) parecen responderse unas a otras: a la inundación inaugural de Una noche con Sabrina Love y su cruel retrato de una Argentina arruinada por la crisis económica suceden en primer lugar el desierto invasor de La intemperie, que, con unos años de antelación a la instauración del Estado Islámico, relata la inexorable regresión del mundo civilizado hasta la más atroz barbarie; luego el río de Salvatierra, objeto de un fresco inmenso, puzzle en sesenta cuadros y una pieza ausente, río que el protagonista de La Uruguaya se arriesga a cruzar en busca de un amor imposible y de una importante suma de dinero que debería permitirle saldar sus deudas y escribir un nuevo libro.

El río y los sesenta cuadros reaparecen en un quinto libro del autor, de un género algo diferente ya que se trata de una novela en sesenta sonetos, y otras tantas ilustraciones maravillosas: El gran Surubí. Este libro, al contrario de los otros, no tiene final feliz.

Las novelas de Pedro Mairal son novelas de formación en un mundo en deformación. Novelas de formación en diferentes épocas de la vida, desde la adolescencia a la vejez, de la búsqueda de sí mismo a través de universos en vía de descomposición avanzada. Sus héroes salen vivos pero no indemnes. El Daniel de Sabrina Love recibe una paliza, la heroína de La intemperie pierde una pierna, aunque el destino más doloroso es sin duda el del novelista de La uruguaya, víctima de una castración, ciertamente simbólica pero infinitamente dolorosa, bajo la mirada de la joven de la que está enamorado. 

El autor disfruta de este desmenuzamiento del mundo. Una noche con Sabrina Love arranca con un ejercicio de estilo en forma de zapping discursivo; La intemperie lo hace con una descripción minuciosa de la confección de una trenza. De manera que sus historias parecen siempre como la paciencia cosechando fragmentos desperdigados, una cosecha durante la cual los personajes se componen o recomponen, mejor o peor, teniendo como arma esencial el lenguaje.

La presencia del río, de la frontera, bien se extienda o se desvanezca, es esencial: «La narrativa es como una cancha de fútbol sin límite. Y la clave es siempre encontrar ese borde, el límite que marque lo que entra y lo que no».

Si El gran Surubí no tiene final feliz es porque su acción se desarrolla sobre el propio río, sobre la frontera donde todo, forzosamente, resulta difuso. También porque escapa al género novelesco para adentrarse en el campo poético, y porque la poesía de Pedro Mairal no pretende recomponer la realidad sino tal vez, sencillamente, dar cuenta de ella.

Fue por la puerta de la poesía como el escritor entró en la literatura, después de pasar por el taller de escritura de Félix della Paolera, amigo de Borges, poeta, traductor y periodista, al que presenta como «su maestro y su gurú». Este prologaba en 1996 su primera colección, Tigre como los pájaros, con estas palabras: «Basta con leer estos poemas que, sin necesidad de guías ni mediadores, evidencian: una lírica original; confianza en el ritmo como esencia de la versificación; desdén por la solemnidad y la tendencia al patetismo; celebración, a veces lúdica, de la vida, del amor, del diurno ensueño rural y de la ensimismada soledad del hombre urbano».

Desde entonces Pedro Mairal no ha dejado de cruzar esta puerta en ambos sentidos. Primero, en 1998, después del éxito inesperado de su primera novela: «Es verdad, ya no era un pendejo, tenía 28 años, pero estaba muy crudo para todo eso. Fue tal el nivel de exposición que me refugié en la poesía, y después muy de a poco volví a los cuentos» – y el resultado de este retiro fue la publicación en 2003 de Supermarket Spring (Consumidor final, el título original de la recopilación en español). Siguieron tres libros extraordinarios: Pornosonetos, publicados con el pseudónimo de Ramón Paz, y El gran Surubí, como si el autor después de cada éxito en novela necesitase volver a su primer amor.

Después del desmenuzamiento, de la dispersión en medio de los cuales se construyen sus historias, la poesía parece entonces para Pedro Mairal una cuestión de recentramiento, de recogimiento, de concentración. La forma exigente del soneto a la que recurre de manera casi exclusiva en los últimos años, obedeciendo a una métrica implacable (el endecasílabo, o sobre todo el pentámetro más clásico, heredado de la Edad de Oro y más concretamente de Quevedo), sería para él la manera de reordenar y de consolidar el universo que de otro lado disfruta dinamitando, la manera de acotar el campo infinito de la narración. «Los sonetos me pusieron un borde, me permitieron no tener que explicarlo todo», dice.

A primera vista, no parece que Supermarket Spring obedezca al mismo rigor formal. Pero es porque los poemas que lo componen son el espejo de una realidad extraordinariamente agitada: la de la crisis que sacudió Argentina a principios de este siglo y cuyas consecuencias el país continúa padeciendo. «Vivimos en un surrealismo violento que solo la poesía puede digerir», decía entonces el autor.

El libro reúne dos recopilaciones de importancia equivalente, escritas en fechas diferentes: Todos los días (1997-1999) y Consumidor final (2000-2002).

Como reubicación, el poema que abre la recopilación se coloca ahí: «Los ojos reencontrados/ al fondo de la taza, / los bolsillos, / los platos, la vergüenza». Está dedicado al despertar de la «gente llena de sueño, de silencio,/ con miedo a despertar la historia mal dormida, / gente usando el idioma como un cuchillo oscuro, / un cuchillo gastado, pelando una manzana». Es el despertar del poeta, minúsculo y solo en la ciudad inmensa. Pero es también el primer momento de su activación progresiva.

Y esta idea incita a reconsiderar la portada del libro, los colores del cartel, cuyos diferentes bloques de texto podrían leerse en definitiva como el plano esquemático de una ciudad: cuatro barrios ordenados alrededor de una calle central: el título, extendido como una cinta, como un río.

Enseguida descubrimos que, de página en página, el autor parece redactar la crónica inestable de un amor frágil, con sus accidentes, sus rupturas, su reanudarse. De un encuentro en una biblioteca («Celos clásicos») a una especie de reconciliación muda (En las buenas) construida como un plano secuencia, lento trávelling sobre los relieves de una comida, un limón cortado, una rueda de bicicleta, un árbol, un fuego que se apaga, un gato con una mirada cargada de reproche.

Entre ambos habremos pasado por las crisis («Ella es así»: «la cosa es que ella llora con coraje, / con dientes, con espasmos, / ella vive llorando en las ventanas»), los trayectos por los suburbios («Ruta nacional»: «La gran velocidad / es una lentitud de balsa que se fuga / con música y tristeza.»), el tedio de la vida cotidiana («Preguntas a Piazzolla»: «¿Cómo alzar en el aire de un acorde / el peso de las seis pasadas ya,  / la fuga de la gente volviéndose a su casa? […] El libro de tu fuelle se abre lento / y se vuelve a cerrar / sin responderme»).

Todo ello entreverado de rayos de luz muy intensa y alegre, como en «Andante cantabile», gozosa celebración de los senos de las mujeres que termina con un alejandrino perfecto: «Verlas pasar, nomás, y deslumbrarse, / quedarse para siempre cantando en este mundo». No hay, sin embargo, nada intimista en esta historia. Constantemente, un simple gesto esbozado enseguida es sustituido en una red de correspondencias espaciales y temporales: cuando una mujer se inclina o se anuda un pañuelo alrededor de la cabeza, el gesto se convierte en una oración a un dios inmutable.

El libro prosigue ampliando esta relación entre lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande. «Al principio de la recopilación, escribe acertadamente Julia Azaretto en su presentación, la mirada del poeta se posa en su vida cotidiana, luego abre el foco hasta incluir el escenario de un país trastornado. La poesía desciende a la plaza pública

Y es verdad que la poesía está en la calle. Se muestra donde no se la espera, no es ni eslogan ni canción, sino en el corazón de la trivialidad cotidiana, en la mirada de un cliente fija en una pantalla de televisión por encima del mostrador de un banco. Desciende a la plaza pública, pero desciende también de la planta doce de un edificio, tomando el ascensor.

Desde el primer poema («Un durazno»), el tono está dado: un simple durazno comprado en el supermercado brinda al autor la oportunidad de describir en cincuenta versos el conjunto del sistema agrícola argentino, sistema mortífero que solo produce sueño: «y a pesar de la química, de la distancia muerta, […] / me encontré allá en el fondo de su sueño amarillo / con esa flor primera que perfumaba el viento

En «Fauna embalsamada» el poeta plantea explícitamente el problema: «¿esto es un poema?  / ¿estar a oscuras sin dormir/ puede ser un poema? / ¿si no hay nada […] /  puede haber un poema?». Y termina: «cambio sistema solar/  por dos palabras ciertas / que consigan decir toda mi sombra».

Y va de uno a otro sin cesar, del triste suceso a la contemplación del universo, del anónimo ciudadano a los animales misteriosos o gigantescos que aún habitan los mares, del niño por nacer, Jonás en el vientre materno, a las ballenas del Gran Sur. Al hilo de la lectura, sin embargo, el tono se hace más travieso, la lengua más familiar, y la constatación más homicida, desvelando al consumador por debajo del consumidor: «en el supermercado la cajera / con su uniforme rojo me pregunta  / ¿consumidor final? / yo contesto que sí / y pienso ese soy yo».

Terminamos la lectura de Supermarket Spring, y pese a todo el mismo libro queda por descubrir, esta vez en español, por poco que entendamos algo el idioma. La misma composición, texto en cursiva, como si no fuese más que cita, notas al final del libro confirmando y explicando la belleza de lo que acabamos de leer. Y por poco curioso y juguetón que sea el lector, aún le espera una tercera lectura: la de esta página de color naranja que separa los dos textos, y que el editor no ha logrado numerar.

No lo ha logrado porque era una página demasiado extensa, demasiado densa: representa todo el trabajo de traducción, encierra el misterio entero de cientos de horas de duda, de reflexión, de elecciones imposibles y de conteo inconsciente de sílabas. Entretenerse en esta página es intentar reconstruir el camino que va de un texto al otro: es esforzarse en medir la distancia, es aceptar plantearse preguntas para las que no necesariamente encontraremos respuesta.

Por una vez, es fácil calcular la distancia entre las versiones francesa y española: mide exactamente 46 páginas. Mide un libro entero. Porque no se traduce una recopilación de poemas igual que se traduce un poema, no se traduce un libro como se traduce una página. Nos quedaríamos sin aliento. Aunque, precisamente mirando con más atención, observamos un detalle que se le había escapado al ojo pero que se impone tan pronto empezamos a leer en voz alta, porque nos gustaría oír si el francés de la traductora suena como el español de Pedro Mairal: estos poemas se leen de un tirón, a menudo consisten en una sola frase, e incluso cuando hay un punto no está ahí para que la voz calle, sino más bien para que otra voz la interrumpa.

Los poemas de Supermarket Spring brotan naturalmente: como los senos de las mujeres que deslumbran al paseante, tienen la forma del agua. Este descubrimiento hidrológico permite franquear de una vez la página naranja y observar el extraordinario y minucioso trabajo de traducción que resume: comprender por qué, después de haber brotado a borbotones la frase se anima y toma un ritmo de cascada, convierte series de diez y luego once sílabas coléricas, testarudas, o erupción del alejandrino..

Porque Pedro Mairal, siempre en busca de nuevas formas, ha adoptado para esta recopilación la forma primigenia de la respiración.



Pedro Mairal, Supermarket Spring. Traducido del español (Argentina) por Julia Azaretto. Edición bilingüe. L’atelier du tilde, col. «Lolita Valdez», 110 págs., 16 €  

lunes, 18 de septiembre de 2017

"Traducir al francés era para mí una forma de provocación"

Traductor francés del ruso, Paul Lequesne ha entrevistado recientemente a la traductora argentina Julia Azaretto, quien tradujo al francés a Pedro Mairal. La entrevista, así como la crítica a esa traducción –que se publicará en la entrada de mañana–, fueron incluidas en la publicación digital En attendant Nadeau, que amablemente traduce para este blog la traductora española María José Furió/Liu.

Una entrevista con Julia Azaretto

Julia Azaretto, la joven traductora de Supermarket Spring, de Pedro Mairal, estuvo el pasado mes de junio de paso en París. Aprovechamos entonces para preguntarle por su vida, su obra y sus íntimos desplazamientos entre el español y el francés. Ese día hablamos también de Julio Cortázar, del cerebro de los traductores y de las ediciones bilingües.  

¿Cuándo decidiste traducir Supermarket Spring al francés?
–Empecé la traducción de Supermarket Spring en 2006. Y este primer trabajo dio lugar a una publicación, con pseudónimo. Adopté el de Agnès Azar, ¡pues ni siquiera me atrevía a firmar con mi propio nombre! La reelaboré luego, en Arles, con la Fábrica de Traductores, ya que debía presentar un proyecto. Pero como no había firmado el texto ya publicado, hubo sospechas de que mi dossier era un plagio. La situación se complicaba: yo me encontraba a la vez entre dos idiomas y entre dos nombres. Pero en definitiva, la parte más significativa de la traducción la hice en Arles, en 2011, especialmente con Claude Bleton, que era uno de nuestros tutores. Luego lo dejé en reposo y lo recuperé cuando L’atelier du tilde aceptó publicar el texto.

Tengo entendido que empezaste a traducir al francés cuando llevabas seis años instalada en Francia, ¿es así?
–Sí, en 2006 hacía seis años. Al principio, no quería. Es raro, es cierto, que un traductor se arriesgue a traducir en un idioma distinto del suyo. ¿A quién puedo citar? ¿A Bernard Hoepffner en inglés? Pero no creo que viviera de ello. Silvia Baron Supervielle, Luba Jurgenson al ruso... Fue mi hermano mayor, que es compositor, quien me animó. Me habló de Beckett y de unos cuantos locos y grandes figuras de la literatura, y me dijo que también se trataba de eso, de intentarlo o de fracasar “mejor”. Ya sabes, Beckett dijo eso en Rumbo a peor: «Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

¿El hecho de traducir del español hacia el francés cambia tu manera de traducir del francés al español?
–Sí, creo que sí. Pero no estoy segura de que sea el hecho de traducir hacia el francés. Creo que es, sobre todo, el haber hecho, en cierto momento de mi vida, esta elección, radical, de dejar mi país y mi idioma. Y encontrarme de pronto en un estado de alerta permanente. De descubrir, por ejemplo, que se puede soñar en un idioma extranjero sin hablarlo correctamente, al contrario de lo que habitualmente se cree. Se puede soñar en otro idioma sencillamente porque una pasa el tiempo pensando en ese otro idioma. Es esta experiencia, el hecho de poder romper muchos tópicos, en el sentido de doxa, lo que ha cambiado mi deseo, mi visión de la traducción.

Hay un cita de Cortázar, reproducida por Silvia Baron Supervielle en un texto poco conocido, El cambio de lengua para un escritor, que empieza diciendo «El jazz es mi patria» y continúa así: «el exiliado son dos personas en una sola. Y no hay un solo gran poema que no haya nacido de la desorientación». ¿Estás de acuerdo?
–¡Ah, qué bonito! ¡Me anima a releer a Cortázar! Pero no sé si estoy completamente de acuerdo. No, me gusta mucho la imagen, y hay una parte de verdad en lo que dice, pues está muy presente ese sentimiento de dilema, de fracasar en cierto momento en los dos idiomas, de fracasar o de tropezar constantemente, como un gran títere torpe. Pero al mismo tiempo, una particularidad de la condición de exiliado es que, pese a todo, uno sigue siendo la misma y única persona. El cerebro se ve de pronto moldeado por la llegada de este nuevo idioma, y moldeado de tal forma que la misma lengua materna no resulta indemne. Es una experiencia a la vez desconcertante y bastante embriagadora, pues va a la contra del tópico de la lengua materna como algo inmutable, como una adquisición definitiva. Y está claro que eso es falso, cosa que puede hacer que tiemble la tierra bajo tus pies cuando te das cuenta. Pero si somos un poco funámbulos es bastante bonito descubrir que la lengua materna también se transforma, aunque continúe anclada en nosotros de manera indefectible. Esto remite a algo más general que concierne a la vida: ¡no hay nada fijo, las experiencias nos transforman, y eso ocurre sin que nos demos cuenta!
La verdad, en cualquier caso, es que al principio traducir al francés era para mí una forma de provocación, de intentar que se tambaleen las certidumbres del otro. Quiero decir del francés, ¡lo extranjero para mí! Había también una voluntad muy fuerte de proponer en francés autores que me parecían importantes. Además, forzosamente tengo un oído para el idioma original que un francés no tiene. Estoy pensando, por ejemplo, en un poema de Mairal del que estábamos hablando, «Andante cantabile»: me di cuenta de que ningún francés con el que me crucé había comprendido de entrada, en su primera lectura, que Mairal estaba hablando de los pechos de las mujeres, ¡mientras que para mí era evidente!
Si hablas español, ni siquiera te lo preguntas. Desde el primer verso habla de «la forma del agua» y de «debajo del verano». Ahí ya piensas en la mujer encinta, en las curvas, aguzamos el oído. Y luego: «curvando con su paso el mediodía», es alguien con tantas redondeces que llega a curvar el mediodía. Y luego, un poco más abajo no queda ninguna duda: «una alegría en el temblor moreno». «Una alegría» tiene una connotación muy sexual en Argentina. Cuando dices de una mujer o de un hombre: «nunca una alegría», ¡quiere decir que tienen una vida sexual muy pobre!
Me parecía que algunas traducciones no reproducían la oralidad a la que soy muy sensible y, sobre todo, que yo oigo. Cuando lo oigo y veo que en francés se adopta un registro más elevado, se vuelve muy envarado cuando en español son expresiones muy habituales, no termina de convencerme. Pienso no, no es eso: estamos traduciendo más de lo que hemos leído. Estamos traduciendo una idea que tenemos del otro. ¡No quiero decir que eso no me ocurra nunca a mí!
Por eso me parece interesante trabajar entre varios. Las lecturas de unos y de otros pueden completarse y enriquecerse. El trabajo de traducir no debería ser solitario.

¿Te has fijado en que Contra las bestias era la continuación de Supermarket Spring? «El último testigo de la hecatombe final, el que se come a los demás…»
–¡No, no lo había relacionado! Es cosa del azar. He llevado durante mucho tiempo el proyecto de Supermarket Spring, pero Contre les bêtes (Contra las bestias) fue un encargo. Me encantó traducirlo, pues era un reencuentro con el español. Ahora tengo ganas de que el texto sea publicado, difundido, que el espectáculo gire, pero no fui yo quien lo descubrió.

Pedro Mairal repite a menudo en sus entrevistas que desde el principio poseía un «bagaje formal importante» en poesía. Declara haber escrito muchos de los poemas de Tigre como los pájaros en endecasílabos y en heptasílabos. Cuando uno observa al detalle Supermarket Spring, se da cuenta de que a menudo vuelve a esos versos de once sílabas, al pentámetro de hecho, y a los versos de siete sílabas, pero que los disfraza, de algún modo, añadiendo una palabra, por ejemplo, para que el verso suene de manera menos exacta. ¿Lo has tenido en cuenta y, en tal caso, de qué manera?
–Cuando conocí a Pedro Mairal, en 2006, me dio a entender que era muy importante el ritmo, la métrica. Pero en esa época quizá yo no estaba en condiciones de entenderlo. Más adelante, en la Fábrica, resulta que Claude Bleton no abordaba el problema por ese lado, y sin embargo me parecía que siempre daba con la imagen justa, con el ritmo necesario, y entonces pensé que no lo necesitaba, a pesar de que el autor me había dado una información importante. Por lo tanto, no, no le presté una atención específica, no quise romper versos de 11 o de 7 sílabas. Presté más atención a la respiración, a la oralidad, es decir, a esa voz que oía, y por eso a veces soy más directa, más sintética.

Me parece que Pedro Mairal en Supermarket Spring buscaba otra forma, que no fuese rígida, aunque luego vuelva al soneto.
–Más que la búsqueda de una forma es el deseo de derribar un pedestal, una idea de la poesía. Entonces, sí, para eso se necesita pese a todo una forma, pues hay oralidad ahí, y Mairal no transcribe la forma de hablar de la gente, él la escribe. Pero esta alternancia de versos de 11 y 7 sílabas no sé si la ha elegido conscientemente, como el medio más seguro de restituir la oralidad del español.

¿No crees que más bien es una reminiscencia de la poesía clásica? No es algo que se observe sistemáticamente. Hay versos de cuatro, de cinco sílabas, y luego de pronto un grupo de endecasílabos, y se advierte que lo ha hecho adrede, o bien que el autor respira el idioma así.
 –No, yo he visto a Pedro contar las sílabas para que caiga justo. Luego, es juguetón, y es posible que haya querido romper la forma misma que él había creado.
Cuando leemos los Pornosonetos no reconocemos la forma del soneto, de tan cómodo como está. En los Pornosonetos lleva su proyecto más lejos todavía: la forma del soneto se hace invisible, cuando es muy restrictiva. Quizá su proyecto entero, su búsqueda de la forma consista precisamente en escamotearla.

¿Habrías traducido de forma diferente si los textos hubiesen estado página contra página?
–Si los textos hubiesen estado página contra página no habría querido que la traducción se publicase con este editor. Cuando tienes entre manos una edición bilingüe, o bien no entiendes nada de la lengua extranjera y solo miras la versión francesa, de manera que la versión original no te sirve estrictamente de nada y te estorba; o bien, y es el caso más frecuente entre los lectores de poesía, sientes cierta curiosidad, quieres leerla, tienes algunas nociones de español, puedes seguir, miras, pero en este caso incurres en una lectura híbrida, escolar, que mantiene la ilusión de la correspondencia unívoca entre los idiomas, y yo quería evitar eso.
Porque para mí es una trampa: cada lengua comporta un universo fantástico de sonoridades, de escritores (y por lo tanto, de voces en la lengua), de argots, de gestos, de maneras… En este sentido me parece que Cortázar tiene razón, el exiliado es una persona doble, porque no somos del todo el mismo según los idiomas que hablamos. Los idiomas aumentan nuestro ser, y eso me parece fascinante. La regla del juego cambia con la lengua. La edición bilingüe página contra página es muy interesante para proyectos muy concretos. Pero no es este el formato más apropiado en mi opinión para conseguir que el lector francés oiga el trabajo de Mairal sobre el habla de Argentina.