jueves, 13 de junio de 2013

La literatura en cuya lengua escribimos

El 10 de marzo ¿de 1999 o de 2011? (la referencia en el sitio es confusa y, al fin y al cabo, poco importa), Ana Basualdo*, escritora argentina radicada en España, publicó la siguiente columna de opinión en El Trujamán. Vale la pena releerla.

Lectura de traducciones

En España se traduce, por suerte, de todo. No voy a referirme a la calidad de las traducciones: ese es otro tema, y tiene que ver —a veces— con el exiguo salario de los traductores. El tema es, en este caso, el efecto estético provocado por la lectura continua de traducciones; el tipo de cultura literaria que ese hábito continuado, casi imperceptiblemente, va creando
.
Cuando uno lee una novela (de la poesía, mejor no hablar) traducida no está leyendo exactamente un texto escrito en lengua «literaria» sino en la lengua neutra de la traducción: está leyendo, por rutilante que sea el traductor, casi una lengua muerta. Y no quiero decir que no haya que leer traducciones (qué sería de mí) sino que hay que leerlas sabiendo que nos será quizá posible captar la composición narrativa de la obra e innúmeros elementos trabados en ese plano, pero no su lengua literaria. Es como ver la foto de un cuadro, en blanco y negro e incluso en color: falta la materia. Por lo tanto —como lectores o escritores—, no podemos no leer literatura escrita en castellano. Sería algo así como un suicidio. Aun cuando la lectura continua de traducciones pueda provocar, filtrándose, un sutil e interesante extrañamiento (hay algún ejemplo grandioso de ese efecto) en el castellano que escribimos; aun así, hay que contar con la herencia: con la literatura en cuya lengua escribimos, y en todo género. De Berceo a Benet, de Sarmiento a Saer, de Arguedas a Rulfo, de San Juan de la Cruz a las letras de tangos.

*Ana Basualdo nació en Buenos Aires y vive, desde hace más de treinta años, en Barcelona. Trabajó como periodista en el semanario Panorama y, en España, en las revistas Triunfo, Destino, El Viejo Topo, Vogue, y en los diarios El País y La Vanguardia. Es editora de Autobiografía y diarios, de José Luis Cerveto (1978), y de Crónicas ejemplares. Diez años de periodismo antes del horror (1965-1975), de Enrique Raab (1999), y autora del ensayo  Julio Romero de Torres (1980). Fondo de Cultura Económica ha reeditado recientemente Oldsmobile 1962 (2012).


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