viernes, 14 de agosto de 2015

Problemas de plomería

El 27 de julio pasado, Rob Rix, profesor de literatura y traductor de la Leeds Trinity University, publicó en El Trujamán la siguiente columna, donde se reflexiona sobre el tipo de traducción que requiere la literatura infantil.

Literatura infantil: un caso especial de traducción

En unos recientes talleres de traducción en el Instituto Cervantes de Mánchester y Leeds (Reino Unido) estudiamos un texto de Julio Cortázar, «Discurso del oso», publicado como libro infantil por la editorial Libros del Zorro Rojo en 2013, con ilustraciones de Emilio Urberuaga. Después de escuchar el texto en la voz del propio Cortázar comentamos los elementos principales que configuran la magia del texto, escrito originalmente para los hijos de un amigo suyo y publicado después en Historias de cronopios y de famas (1962).

La historia es sencilla: un oso vive en las cañerías de la casa y a él se deben los ruidos y las irregularidades que afectan a los habitantes, aunque también es responsable de la limpieza interior de las tuberías. La fantasía del autor se basa en los espacios secretos o misteriosos del edificio, el lado no visto de la vida cotidiana, como en algunos de sus textos más emblemáticos: «Casa tomada» y «Bestiario», del primer libro de relatos, o «Noches en los ministerios de Europa» y «Fin de etapa», de composición más tardía.

Cortázar generalmente no escribía para niños, sino más bien sobre ellos: la infancia es uno de sus temas principales. Comentamos que el encanto del discurso del oso reside más en la fuerza imaginativa del cuento que en aspectos textuales (vocabulario, elementos retóricos, etc.). Decidimos abarcar la traducción utilizando los criterios del célebre autor inglés John Berger, quien en un artículo de 2014 abogó por un acercamiento radical al proceso de traducción. En vez de traducir las palabras del texto original al idioma meta (con las diversas fases de adaptación y perfeccionamiento que esto implica), Berger quiere que busquemos lo que queda «detrás de las palabras», «la visión o la experiencia que informaron al texto original» (parafraseando). Esta cosa que se expresó en las palabras originales es lo que hay que llevar al nuevo idioma e intentar «inducir al idioma receptor a acoger la cosa que espera articularse».

En la primera mitad del taller trabajamos con las diferentes secciones del texto de Cortázar para identificar y definir los principales elementos («visiones o experiencias») que conforman el relato. Vimos que el oso (que nadie ve) es muy juguetón, bondadoso y curioso; se desplaza con libertad por los caños y tubos de la casa, y representa la alegría y la inocencia.

En la segunda parte del taller empezamos a pensar en los posibles recursos lingüísticos que se podrían utilizar para mejor llevar las visiones imaginativas del discurso del oso a un público infantil de lengua inglesa. Para los ruidos de la cañería el inglés ofrece una gran riqueza de palabras onomatopéyicas, por ejemplo: clunkingclankingtappingdrumminggurgling. Simultáneamente notamos que el uso flexible del gerundio en inglés nos daba muchas posibilidades expresivas, para representar tanto los sonidos como los movimientos del oso dentro de la cañería, a saber: tumbling, rumbling,lumbering, slipping and sliding, etc. También tienen la ventaja de la repetición de sonidos, muy apropiada para un cuento infantil.

En cambio, el texto original contiene sólo dos palabras onomatopéyicas: gruño y roncan, y sólo dos gerundios: resbalando y gruñendo, y las repeticiones se limitan a alguna que otra frase completa: «y soy el oso que va por los caños». Pronto llegamos a un acuerdo: una versión inglesa del oso que va por los caños sería un texto totalmente diferente, que en vez de intentar traducir el sentido de las palabras buscaría llevar la visión imaginativa del autor al inglés. Sólo así podría llegar a ser un buen cuento infantil en inglés.

También habría que pensar en hasta dónde deben o pueden modificarse elementos tan importantes como la naturaleza y diseño de la «casa», los personajes (con sus nombres o sus características), y sobre todo las ilustraciones (tan llamativas y bonitas), si realmente alguien se propusiera publicar una versión inglesa del encantador cuento del maestro argentino.

En conclusión, decidimos que traducir para niños es algo muy especial y quizás diferente del proceso normal de traducir textos para adultos. También vimos que la técnica sugerida por John Berger, de traducir «la visión o la experiencia» que queda detrás de las palabras del texto original, se puede utilizar en cualquier trabajo de traducción, y quizás sobre todo en los momentos tan frecuentes en que los traductores nos encontramos en serias dificultades debidas a diferencias de léxico y sintaxis aparentemente insolubles.


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