martes, 11 de agosto de 2015

"Un hombre con una enorme confianza en sí mismo quien cree que puede dominar el juego"

En el diario Excelsior, de México, del pasado 9 de agosto puede leerse la siguiente entrevista entre Juan Carlos Talavera y Rafael Torres, el traductor español de la reciente versión de El Jugador, de Fiódor Dostoievski.

Sexto Piso lanza nueva edición
de El Jugador de Fiódor Dostoievski

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de agosto.- Las deudas de juego acosaron a Fiódor Dostoievski (1821-1881) a lo largo de casi toda su vida, pero cuando cumplió 46 años sus acreedores eran tantos que abandonó Rusia durante casi dos meses para juntar el dinero. Para saldar esta situación, su editorial de cabecera le pidió que escribiera una nueva novela en treinta días. Él aceptó. Entonces contrató como secretaria a Anna Snitkina —quien a la postre sería su segunda esposa— y le dictó El jugador, una novela con referencias autobiográficas, donde cuenta la historia de un apostador llamado Alekséi Ivánovich, un joven de carácter inestable que vive entre la euforia y la desesperación, entre las apuestas y el amor.

Así lo explica Rafael Torres, traductor de esta nueva edición que contiene ilustraciones de Raquel Fernández (Efealcuadrado), quien destaca la importancia de este relato que se encuentra, asegura, "a medio camino entre Crimen y castigo y El idiota, una pieza de relojería que no podría ser considerada una obra menor debido a su brillante narración entre el amor y el juego".

Esta es una de las novelas más famosas de Fiódor Dostoievski, explica Rafael Torres vía telefónica desde Madrid, quien se planteó el reto de un acercamiento íntimo a esta novela corta, al tratarse de una historia que contiene bastante contenido autobiográfico.

“Aunque al ser novelado no se trata de una repetición exacta, es decir, los personajes no son idénticos y el protagonista no es propiamente Dostoievski, pero sí mantiene la pulsión por el juego, el concepto de la adicción, de la necesidad imperiosa de jugar y de destrozar la vida común por una pasión que domina todos los demás aspectos de la vida”, asegura.

La historia se ubica en Ruletemburgo, un lugar creado por el autor ruso, inspirado en el nombre de la ruleta, para que todo mundo pudiera entender como la ciudad del juego y de la ruleta. “Es un juego bastante evidente de crear un modelo de las ciudades, ya que la ruleta es concretamente el juego en el que se centra esta historia, aunque también hay otros juegos de cartas, que utiliza para contar las vivencias del jugador y el desarrollo de la ludopatía".

Un caso interesante es Alekséi Ivánovich, protagonista de la historia, quien trabaja como tutor para un general ruso y su hijastra, que a la vez espera la muerte de su tía para heredar una fortuna, recuerda Rafael Torres, mientras este personaje culto y educado, de una nobleza venida a menos, que vive en un entorno de ricos en el extranjero, visita una serie de ciudades alemanas y francesas donde es cautivado por los juegos de azar.

“Digamos que el personaje está muy bien caracterizado, aunque Dostoievski no detalló mucho su proceso de entrada a la ludopatía, esto a causa de la premura con que escribió la novela, sin embargo, es un personaje muy bien caracterizado en torno a los momentos sicológicos clave de su proceso ludópata”, explica el traductor.

En principio, "digamos que se trata de un personaje dotado con cierto idealismo que durante su primera juventud nunca había apostado". Es un hombre con una enorme confianza en sí mismo, quien cree que puede dominar el juego y desprecia un tanto a la gente que se deja dominar.

“Alekséi no intenta juzgar la moralidad del juego. Es más, desprecia a quienes tienen reflexiones morales sobre lo que significa el juego, es decir, él no considera que el juego esté mal y al mismo tiempo está seguro que lo puede dominar. Pero al paso de la historia es dominado por el juego hasta que al final pierde su individualidad y su ser”, explica.

Ese proceso sicológico está muy bien caracterizado en la novela, reconoce, pero la virtud de Dostoievski es que al mismo tiempo combina esta experiencia con una historia de amor. “Digamos que al mismo tiempo imprime en esta novela una parte romántica en el sentido literario: un amor imposible que sirve de catalizador para que esa pasión por el juego estalle y llegue al clímax”.

LUDOPATÍA
“El jugador es un retrato sicológico sobre la adicción y la ludopatía, donde Dostoievski muestra los mecanismos que llevan a cualquier persona a autoengañarse para establecer prioridades en la vida que son interpretadas como enfermizas”, señala Rafael Torres, quien reconoce la dificultad de traducir un autor con estas características.

Y aunque muchos críticos y lectores consideran que se trata de una obra menor, no es así, pues aunque es cierto que escribió esta historia en treinta días y es posible demostrar que por las prisas Dostoievski dejó algunos cabos sueltos; por ejemplo, algún personaje que de pronto desaparece sin despedirse, pero eso no impide que sea una gran novela.

“No olvidemos que se trató de un encargo que el autor hizo para saldar algunas deudas de juego, así que en una lectura profunda es posible detectar que fue hecha de forma muy rápida y que no fue del todo pulida, pero eso no le resta méritos”, menciona.

A nivel de traducción, la mayor dificultad consistió en trasladar la fuerza del original a otra lengua que no tiene las mismas herramientas ni elementos, “porque (el ruso y el español) son lenguas distintas, y aunque el concepto pudiera ser el mismo, no siempre se tiene que expresar de la misma forma. Eso fue básicamente el problema genérico como en cualquier traducción que te plantees”.

Por último, Rafael Torres asegura que, a diferencia de otras traducciones que ya existen de este clásico de la literatura universal, lo que él buscó fue actualizar la forma como se lee pero sin modificar las palabras originales de Dostoievski. “Lo que sí sucede con otras traducciones es que algunas son muy antiguas, así que han sufrido con el tiempo y se leen con un lenguaje arcaico para nosotros. En cierto modo no digo que haya modernizado a Dostoievski porque su estilo se mantiene, pero sí está adaptada a un lector actual.

“Y aunque el planteamiento original no fue la búsqueda de una versión panhispánica, sí quise evitar el mayor número de localismos y adaptarla a un español más neutral o accesible sin modificar el estilo original. Si lo he conseguido o no ya es algo que dirán los lectores.”


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